Alexander Calder pertenece a la vanguardia que reinventó la escultura, dotándola de movimiento. Le da aire a sus piezas, las aleja del suelo y las hace volar. En ocasiones utilizó para sus creaciones residuos, siendo también en este punto uno de esos locos lúcidos que van mas allá y que no busca la poesía en la piedra o en el bronce sino en materiales humildes. En el universo Calder hay espacio para la joyería, para los juguetes y hasta para un circo. Y no un circo cualquiera, es el Cirque Calder en el que sus 50 protagonistas, todos móviles, son de alambre, chapas de botellas, botones, corchos, etc. Durante muchos años representó en los círculos artísticos parisinos sus funciones en las que deleitaba al público con sus representaciones. Fue llevado a la literatura por Thomas Wolfe en un episodio de su libro “You can’t go home again”. También al cine de mano de Carlos Vilardebo con un pequeño documental de la última muestra que hizo Calder en su casa de Paris. Allá va (aparece en dos partes). Disfrutadlo.
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